miércoles, 2 de noviembre de 2011

214.- Vistas desde el Monte Sangue (Vimianzo - La Coruña).



214.1.- Vistas hacia el sur desde el Monte Sangue (Vimianzo - La Coruña).

No hay carreteras, solo caminos de tierra que resaltar entre el verde de los bosques y los páramos. Nada conecta el Monte Sangue con el horizonte. Quizás por que tras aquellas montañas del fondo está La Costa de La Muerte. La charca al pie de la ladera es la Laguna de Vimianzo. Más al fondo, en la misma dirección, se adivina una segunda laguna, formada en el hueco de una mina de caolín. Fue en septiembre, pero la bruma que difumina la vista, el evocar Galicia, el viento que recuerda que soplaba entonces en lo alto de aquel monte me sugiere el frío de tus mejillas, recoger el hielo de su tacto en mis labios como gemas preciosas. También estás aquí, aunque ya hace de esto 5 años. Momento: 23 de septiembre de 1007.



214.2.- Parque Eólico Monte Redondo (Vimianzo - La Coruña).

El espinazo de muchas montañas se ha transformado por culpa de los parques eólicos. Son como las espinas de un dinosaurio. Las dimensiones son difíciles de apreciar si no hay referencias. Y aun así lo normal es que el cerebro crea que aquello que hay al lado del molino es una miniatura, porque lo contrario sería aceptar su disparatado tamaño. Por eso la arboleda de pinos parece musgo, aun más en la fotografía que allí mismo. He visto de cerca estos molinos y son inmensos. Tanto que uno no se explica como el viento puede mover sus aspas y generar un trabajo que pueda convertirse en energía eléctrica.



214.3.- Vista desde el Monte Sangue (Vimianzo - La Coruña).

No se que son las líneas que surcan la piel del monte. Parecen caminos, pero si lo fueran habrían sido trazados por un loco. Zigzaguean por la ladera sin mucha lógica y ninguno parece llevar a ninguna parte o unir puntos de una forma lógica. hay bastantes antenas repetidoras en la cumbre. Cuento al menos cinco. Este tipo de elementos empieza pareciendo una aberración en el paisaje, pero uno acaba por acostumbrarse y hasta puede llegar a apreciarlos. Me recuerda a la Bola del Mundo en Madrid. la roca de granito que aflora motea de gris la montaña. Lo que vemos que cumbre la ladera del alto desde donde se realizó la imagen son ericoideas, matas que parecen espinos, que se pegan a la tierra para ofrecer la menor resistencia al viento. El convertir las hojas en pinchos es una estrategia para evitar la desecación, más rápida en las zonas donde sopla el viento de forma fuerte y constante.



214.4.- Vista de Vimianzo desde el Monte Sangue (La Coruña).

La vista del valle donde se sitúa la localidad de Vimianzo es espectacular. Aunque de lo que en realidad me acuerdo es de la comida. Nada original: pulpo a feira de primero, trucha de segundo y tarta de Santiago. No soy muy aventurero en lo que a comidas se refiere. No me importa repetir los planes, si se que son efectivos. El pan gallego es único. Esos trozos pantagruélicos, dentro de una cesta donde hay varios. Para un vicioso del pan como yo es la perdición. Mojarlo en el aceite del pulpo. Y la tarta de santiago. nada más aterrizo en Galicia se convierte en el postre recurrente de todas las comidas y las cenas. Soy predecible. Supongo que es un defecto.



214.5.- Vistas hacia el oeste desde el Monte Sangue (Vimianzo - La Coruña).

Imagen compuestas de capas superpuestas, con predominio de las líneas que discurren hacia la esquina superior izquierda de la fotografía. El matorral rastrero que se pega a la ladera de la montaña, el arbolado, la línea de molinos de viento y al fondo la sorpresa: el mar. Presencia insólita en aquel paraje, que parecía hasta ahora, al mirar en otras direcciones, un paisaje forestal de montaña, cuando casi se podría adcribir al litoral gallego. Hasta el oleaje puede apreciarse.



215.6.- Generador eólico en el Monte Sangue (Vimianzo - La Coruña).

No es fácil que en una foto que yo haga en la que haya tanta superficie de cielo no quede oscurecida por la luz del día. Lo he dicho muchas veces, soy hoy fotógrafo muy torpe. Los aciertos casi siempre se deben a la calidad de la modelo, la naturaleza, que a mi habilidad de artística, que oscila entre poca y nula según la generosidad del baremo que usemos. Los molinos tienen su propia belleza. A veces no entiendo como fue posible tanta protesta antes de lograr convencer a la progresía ecologista de que los cortafuegos eran imprescindibles, ahora son ellos los que los exigen de malos modos, y la escasísima resistencia a los parques eólicos, que solo se produce a nivel local. A mi la verdad es que me gustan, sobre todo captados de uno en uno. Por como conjunto no pegan con el entorno. Tengo fotografías de los generadores instalados en el puerto del Abra Exterior en Bilbao y son apabullantes. Es tal su inmensa humanidad que el horizonte apenas le llega a los tobillos, que se están mojando con la franja de mar del horizonte. Para captar sus dimensiones hay que hacerse a la idea de que lo que parece llevar tatuado en el tobillo es en realidad una puerta de acceso abierta, por la que ha de pasar con holgura una persona. Hay también un coche en la mismísima esquina de la imagen, que ofrece otra referencia. El cielo es blanquecino en el horizonte y se va volviendo de una azul cada vez más intenso a medida que se asciende hacia la bóveda celeste. Esta misma imagen con un escenario nocturno ha de ser un prodigio. Me lo anoto para cuando haga esa escapada prometida con @GirlFLebanon para cazar estrellas con un telescopio.

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